• La vacuna cero se aplica a infantes de entre seis y 11 meses de edad. La SRP debe aplicarse a los 12 meses, con un refuerzo a los 18.
La Secretaría de Salud y la Coordinación Estatal de IMSS Bienestar Morelos, a través del Hospital de la Niñez Morelense (HNM), llamaron a las madres y padres de familia a revisar la Cartilla Nacional de Vacunación de las y los niños, y verificar que cuenten con su esquema de vacunación completo contra sarampión.
Eduardo Arias de la Garza, infectólogo pediatra del HNM, indicó que el sarampión es causado por un virus que se transmite a través de gotitas de saliva al toser, estornudar o hablar. Este virus puede permanecer en el aire y en superficies durante varias horas, lo que facilita su propagación.
“La vacunación es la forma más eficaz de evitar complicaciones por sarampión. Actualmente se aplica la dosis cero, que es desde los seis meses de vida y hasta los 11 meses. Si el niño o niña a cumplido 12 meses se debe aplicar su primera dosis de la vacuna SRP independientemente de la dosis cero, esto nos ayuda a combatir el sarampión, rubéola y parotiditis. Asimismo, se deberá aplicar la segunda dosis a los 18 meses”, expresó.
El especialista explicó que, en el caso de los infantes mayores de año y medio, que no cuentan con sus dos dosis deben acudir a su unidad de salud más cercana para que se les aplique la vacuna y cuenten con su esquema completo.
“Recordemos que la vacuna es segura y nos ayuda a proteger a quienes la reciben y a evitar brotes que puedan afectar a personas que aún no cuentan con la vacuna, como bebés más pequeños, personas con cáncer, embarazadas o quienes por indicación médica no pueden vacunarse”, refirió.
Asimismo, dijo que ante síntomas como fiebre alta, tos, congestión nasal, ojos rojos y llorosos, y erupción cutánea que inicia en el rostro y se extiende al resto del cuerpo, es necesario acudir a su unidad de salud para recibir atención médica.
Finalmente,manifestó que muchas personas se recuperan de este padecimiento, sin embargo, el sarampión puede provocar complicaciones graves como neumonía, encefalitis, sordera e incluso la muerte, especialmente en menores de cinco años y personas con sistemas inmunológicos debilitados.





